martes, 26 de agosto de 2025

72. Molestias durante la meditación

B.K.S. Iyengar en padmāsana, 1964

Durante la meditación, frecuentemente surgen problemas posturales: dolor en la zona lumbar o dorsal, hombros rígidos, rostro crispado… pero el mayor problema lo tenemos cuando adoptamos una posición sentada tradicional: dolores de todo tipo en las piernas. Tradicionalmente, se domina la āsana cuando podemos permanecer en ella ¡durante tres horas seguidas!; esto, que para la mayoría de las posturas es casi imposible, en las āsanas de meditación no resulta tan extraño: cualquier persona que pretenda introducirse de lleno en la meditación o el prāṇāyāma deberá dominar esta postura, al menos durante una hora seguida.

Al principio, cuando se llega al límite de comodidad, se produce el entumecimiento de las piernas, el cual no se nota del todo hasta que deshacemos la postura; pero si se mantiene más tiempo puede producir desde picores y temblores hasta dolor intenso. La prueba para comprobar que no resulta perjudicial es que después de deshacer la postura, la recuperación es muy rápida y efectiva, sin secuela alguna.

Las mejores posturas para practicar son el loto o el medio loto utilizándolas con zafu o cojín de meditación, pero no son imprescindibles. Para meditar sirve perfectamente cualquier otra postura que mantenga la espalda recta: siddhāsana (un empeine entre la pantorrilla y el muslo), sukhāsana (simplemente, piernas cruzadas), vajrāsana (sentado entre los talones); incluso sentado en una silla (mejor en un banco de meditación o en una silla ergonómica). Ninguna de estas posturas alternativas tiene porqué desmejorar la calidad de la meditación, siempre que nos permitan mantener la espalda erguida. El problema es que en mayor o menor grado afectan a la disposición del resto del cuerpo para mantener la espalda recta con la quietud necesaria.

En las posturas de piernas cruzadas es muy importante que las rodillas estén al mismo nivel o más bajas que la articulación de la cadera. Esto solo se consigue con un loto muy cerrado o, en otro caso, con un zafu. Si no se hace así, la espalda se resiente, acaba perdiendo tono y doblándose.

En todo caso, al cabo de cierto tiempo, la comodidad inicial se va perdiendo y surge un dolor bastante molesto, especialmente en las rodillas, que se amplifica hasta límites insospechados. No obstante, es bueno llevar el tiempo de meditación a nuestro límite, es decir, a experimentar esas sensaciones dolorosas mientras nos sea posible. El dolor puede llegar a ser muy molesto pero si conseguimos concentrarnos y observarlo de forma desapegada, convenciéndonos de que ese dolor no somos nosotros, de que la molestia es fruto de la mente, de que no hay razón objetiva para sentir dolor (no hemos recibido ningún golpe, ni nos ha surgido una enfermedad espontáneamente), se puede llegar a transcender la molestia y, aunque continúe ahí, puede servir para descentrarnos totalmente y entrar de lleno en nuestro interior. Pero, como en todo, no hay que pasarse desarrollando la fuerza de voluntad en este tema. Sin dudarlo, antes de que surjan temblores o sudores y si el dolor nos supera, es mejor deshacer la postura. No hay que sufrir para meditar. En yoga, y también en el budismo, la vía del medio es la más aconsejable. Hay que alejarse de los extremos.


71. Paradojas

 

T. Krishnamacarya en svastikāsana

Normalmente la vida es una serie de acontecimientos que tratamos de racionalizar y justificar mediante la ley de causa-efecto. Pero fallamos continuamente. Intentamos por todos los medios encontrar sentido a las cosas: porqué existe la enfermedad, porqué y para qué vivimos, porqué el sufrimiento... Innumerables filósofos, psicólogos, políticos y religiosos nos ofrecen explicaciones que nunca nos satisfacen por completo y que siempre son rebatidas por nuevas teorías. Muchos renuncian y caen en el nihilismo, el materialismo o en las formas más sectarias de una religión cualquiera. Incluso se crean teorías muy convincentes, como la del karma y la reencarnación, pero que siguen sin satisfacer las preguntas últimas. Y es que la vida ordinaria no tiene sentido... ¡desde el punto de vista dualista de las cosas! Cuando se es consciente, realmente consciente, de que todo se halla entrelazado formando una unidad entonces, de forma mágica, todo adquiere sentido.

La paradoja más absurda forma parte de la Realidad. Incluso catástrofes tan denigrantes como la guerra o el hambre forman parte de la Realidad... Esta visión de las cosas, ciertamente puede aportar un sentimiento de soledad al principio, mientras sólo se tienen vislumbres o destellos de unidad. Pero, cuando la conciencia alcanza la iluminación plena, ¿cómo podría haber soledad en la unidad? Para sentirte en soledad tienes que considerarte aparte, separado de los demás. Si no hay "los demás", ¿de qué te vas a separar? Para quien posee este estado de conciencia, es cierto que los demás no le comprenden pero, ¿acaso tiene importancia para él?


viernes, 1 de agosto de 2025

70. Lo relativo y lo absoluto

 

baddhapadmāsana

Todas las cosas se pueden enfocar desde dos puntos de vista: relativo y absoluto. En el primer caso siempre utilizamos la comparación y nosotros mismos nos vemos inmersos en las cosas. Nos rodea la ignorancia, el dolor, los deseos, el miedo...; pero también el amor, la compasión, la alegría... Todos ellos son estados psicológicos y sentimientos relativos. El punto de vista absoluto de las cosas es completamente "otra visión". No depende de nada. No se puede describir con palabras. Es el kaivalya del yoga.

El estado de yoga puede entenderse desde los dos puntos de vista. Desde el punto de vista relativo (en el cual nos encontramos casi todas las personas), el objetivo es alcanzar el punto de vista absoluto y es posible que no se logre en esta vida. Desde el punto de vista absoluto, no hay nada que lograr porque ya está en nosotros. De todas formas, en yoga no hay esfuerzos perdidos; en otras palabras, todo esfuerzo traerá su resultado en el momento oportuno. Ningún fracaso es un trabajo perdido. Cada intento fracasado es en realidad un paso hacia el éxito porque la práctica del yoga posee un efecto acumulativo que puede dar sus frutos en cualquier momento y de forma totalmente inesperada. El problema al tener en cuenta estas dos formas de ver la vida es que casi nadie lo entiende y prácticamente nos vemos obligados a adoptar la visión relativa de las cosas para poder comunicarnos racionalmente con los demás.


69. Camilla de inversión

 

Camilla inversora

La camilla o tabla de inversión es un aparato muy útil que puede suplir parcialmente a la postura sobre la cabeza (sirsāsana). Entre sus ventajas, en comparación con sirsāsana, están: 1.- No trabaja creando tensión en las cervicales. 2.- La postura es muy relajante. 3.- Proporciona un estiramiento adicional a la columna vertebral y a las articulaciones de tobillos, rodillas y hombros. 4.- Permite efectuar una práctica de inversión progresiva.

Sus desventajas serían las siguientes: 1) No debería practicarse aisladamente; hay que compensar esta práctica efectuando a continuación la pinza en posición de pie y una torsión. 2) La sujeción en los tobillos puede ser molesta. 3) La facilidad de ejecución puede dar excesiva confianza al practicante y excederse éste en el tiempo de permanencia. 4) El exceso en su ejecución o la práctica en inversión total (180º) puede proporcionar problemas si hay tendencia a presión arterial alta.

Las contraindicaciones para su práctica son las mismas que en la postura sobre la cabeza. No se debe utilizar el aparato en casos de tensión arterial elevada, infección ocular o auditiva, congestión nasal y durante los tres primeros días de menstruación. En definitiva, se trata de una buena alternativa a la postura sobre la cabeza que procura sus beneficios fácilmente.


68. Pandit y gurú


 

André Van Lysebeth practicando rājakapotāsana en Rishikesh, 1963

Pandit significa “erudito”. En general, el pandit indio es un investigador de la iluminación, un sabio, un maestro y un defensor del dharma, la enseñanza sagrada, dedicado a descifrar intelectualmente la Realidad y aplicar sus descubrimientos a sus propios actos. Un pandit no suele tener discípulos espirituales, pero sí puede tenerlos para transmitir una ciencia concreta (por ejemplo, en la India, enseñarles sánscrito, astrología, canto védico, etc.).

Esto contrasta con el papel del gurú, o “terapeuta” espiritual que es en realidad el iniciador de la transmisión espiritual y que establece una íntima relación con el discípulo. La instrucción más personal y más íntima siempre la proporcionará el gurú. Un gurú puede ser una persona sin ningún tipo de instrucción, analfabeta incluso, pero que posee una sabiduría intrínseca o adquirida por medio del conocimiento intuitivo. Por el contrario, un pandit debe forjarse a sí mismo; su sabiduría es más bien producto del estudio. Se pueden dar todo tipo de casos: 1) un gurú que sea pandit (Krishnamacharya), 2) un gurú analfabeto (Hui Neng), o 3) un pandit que no desee tener alumnos personales (Ken Wilber). 

El profesor de yoga es una persona que practica, aprende y enseña lo aprendido. Una persona puede comprometerse en el camino del yoga, con o sin gurú, tanto practicando en solitario, como dedicándose también a la enseñanza. En cualquier caso, con el tiempo, los dos tipos de practicantes convergen y transmiten sus conocimientos de una u otra forma. Y al final, si logran la iluminación, los dos se convertirán probablemente en un gurú.


67. Constancia en la meditación


 

Theos Bernard, pionero del haṭhayoga en occidente

Durante la meditación lo importante es practicar con constancia, sin que influya la aparente falta de resultados, o la aparente falta de progreso. Los pensamientos van y vienen continuamente. Es su naturaleza y debemos aceptarla. Lo que debemos intentar, sin violencia alguna, es no dejarnos atrapar por ellos. Ellos tienen su lugar, su razón de ser. Y nosotros tenemos también nuestro lugar, nuestra propia razón de ser. En lo posible, hay que observar o ser consciente de los pensamientos que surgen, permanecen y, más tarde o más temprano, desaparecen. Si la mente es atrapada por los pensamientos, no importa; surgirá un momento en que seamos nuevamente conscientes de que nos hemos dejado llevar por ellos y empezaremos de nuevo a observar, pacientemente, con desapego, sin lucha. Cuando menos lo esperemos, un día cualquiera, nos daremos cuenta de que hemos estado observando de continuo las idas y venidas de los pensamientos y nuestro campo de descubrimiento se abrirá a lo desconocido.


66. Finalizar la sesión de asanas


 

Sarath, nieto de K. Pattabhi Jois, en kapilāsana

La sesión de asanas debe finalizar siempre con una profunda relajación. Cuando finalizas una sesión de yoga, generalmente te sientes muy relajado y es conveniente esperar diez o quince minutos antes de tomar una ducha, comer o efectuar ejercicio físico intenso. Pero esto son siempre recomendaciones generales. Por ejemplo, después de una sesión de asanas con temperatura ambiente de 30 ó 35 grados, quizás lo más conveniente sea tomar una ducha fría después del último āsana y antes de la relajación. Otro ejemplo: en invierno, justo después de la relajación puede ser reconfortante tomar una infusión caliente. Uno mismo debe desarrollar la sensibilidad necesaria para proporcionar a su cuerpo lo más conveniente en cada momento. Pero si existen dudas, lo mejor es esperar diez o quince minutos antes de provocar cambios bruscos de cualquier tipo.

65. El gurú


Swami Madhavadasji, gurú de Kuvalayananda y Yogendra

Un verdadero maestro debe cumplir dos condiciones: 1) haber comprendido al menos en cierta medida, su auténtico ser, y 2) poder transmitir de alguna forma su experiencia. Son condiciones tan generales que podemos entender que haya distintos niveles de maestros, desde el modesto instructor de yoga hasta el ser autorrealizado. Pero cuando hablamos de un auténtico maestro o gurú generalmente nos referimos al ser autorrealizado que con su sola presencia puede despertar en el discípulo su energía interna. Los textos clásicos de haṭhayoga ensalzan la figura del gurú y llegan a afirmar que sin su mediación, la realización final puede ser una empresa imposible. Al gurú se le considera capaz de disipar la oscuridad que oculta la luz del conocimiento supremo. En la práctica llega a ser imprescindible para guiar al discípulo en las etapas más avanzadas y en los caminos más esotéricos del yoga. Los auténticos gurús son muy escasos y generalmente huyen de la fama. Es muy importante saber discriminar entre el auténtico gurú y el falso (éste, por desgracia, sí que es abundante, fácil de encontrar y en muchos casos famoso). Los gurús falsos suelen reclamar obediencia ciega y servicio constante y gratuito; incluso llegan a poner precio a sus "iniciaciones", pues la relación entre un maestro y su discípulo es como el enamoramiento: ciego, irracional y completo. También se afirma que el auténtico maestro no es nada más que nuestro ser interior (el cual es idéntico al ser interior de otra persona). Por eso, el yogui siempre tiene dos opciones: buscar al maestro dentro de sí mismo y buscarlo en el exterior. 


 

64. Abstracción sensorial

 

Maestro zen Kodo Sawaki poco antes de su muerte en 1965


Cuando el yogui se sienta en āsana y controla su respiración, surge la abstracción sensorial (pratyāhāra). Los sentidos están unidos a la mente, de tal forma que si ésta se aquieta y se desconecta del exterior, los sentidos se inhiben y dejan de reaccionar ante las sensaciones producidas por los objetos.

Pratyāhāra es un corte, una desconexión entre los sentidos y sus estímulos. El mundo exterior captado por los sentidos desaparece para el que practica la meditación. No así el mundo interior, que puede proceder de nuestra memoria, de la imaginación o del razonamiento. A medida que profundizamos en la concentración y ésta se vuelve más estable, alcanzamos un grado cada vez mayor de interiorización que provoca que los sentidos, sin esfuerzo alguno por nuestra parte, pierdan contacto progresivamente con sus objetos. Es, como dice Patañjali, como si el vaciamiento voluntario de la mente fuese imitado por los sentidos.

Cuando nos sentamos a meditar, no hay un orden en la práctica; no se hace voluntariamente primero pratyāhāra, luego concentración, después meditación y finalmente samādhi. La operación mental es única y las distintas etapas fluyen de unas a otras o son consecuencia unas de otras. Normalmente, lo primero que hacemos es tratar de fijar nuestra mente en algo concreto. Cuando se consigue, aunque sea por periodos de tiempo pequeños que se interrumpen con continuas distracciones, podemos decir que estamos concentrados; cuando los periodos de atención se hacen más largos y estables, estamos sumergiéndonos en la meditación. Se trata del mismo proceso sutil pero con distinto grado de profundidad. Ahora las interrupciones de la atención son más armoniosas. Esta profundidad es precisamente la que nos introduce cada vez más en pratyāhāra. Es decir, a medida que progresamos de la concentración a la meditación, los sentidos se abstraen cada vez más, hasta lograr la completa abstracción sensorial. Indefectiblemente, si seguimos profundizando en la meditación, nuestra conciencia estará en condiciones de trascender su estado normal al de samādhi. No es necesario seguir un orden ascendente en estos cuatro pasos, pero sí es cierto que en concentración disponemos de algún grado de pratyāhāra; cuando la conciencia entra en meditación, pratyāhāra es mucho más profundo; y cuando se logra un vislumbre del samādhi, pasando previamente por concentración y meditación, pratyāhāra es total.


63. Emociones en la meditación


 

T. Krishnamacharya en mūlabandhāsana

De acuerdo con Krishnamurti, durante la meditación los sentimientos tienen que fluir igual que los pensamientos: sin violencia, con armonía, dejando que se expresen totalmente para que después puedan morir. Por supuesto, el sentimiento puede ser muy fuerte y atraparnos, robar nuestra atención. Por eso, tanto para los sentimientos negativos como para los positivos, solo hay que observar conscientemente, sin emitir juicios pero sin reprimir en absoluto. Respecto de todas las emociones que no hemos sabido encauzar en su momento y han ido a parar a nuestro subconsciente, la solución sigue siendo la práctica de la meditación. Y no me refiero a una meditación aislada de veinte minutos. Me refiero a una práctica intensa: sesiones diarias de una hora o más de tiempo, acompañadas de algún retiro ocasional de convivencia en meditación. Durante estos periodos de introspección profunda, las emociones reprimidas alojadas en el subconsciente afloran y acaban consumiéndose.

62. Emociones


 

Vanda Scaravelli en mūlabandhāsana

Las emociones no deben ser un obstáculo en el camino del yoga. No hay que reprimirlas ni perseguirlas. Solo hay que encauzarlas con suavidad. Patañjali presenta un aforismo muy revelador sobre este asunto: "La pacificación de la mente se logra proyectando amabilidad, compasión, alegría y ecuanimidad hacia todas las cosas y situaciones, ya sean felices, desgraciadas, virtuosas o moralmente inaceptables (Yogasūtra I.33)". A través de la práctica, casi sin querer, el carácter cambia; las emociones siguen afectando pero se vuelven más distantes. Al final del camino y de forma completamente natural, se puede lograr un estado de desapego que podría recordarnos la trascendencia emocional, pero que en ningún caso supone la represión de los sentimientos.

Un auténtico yogui podría expresarse así: “Cuando murió mi madre sentí dolor; cuando nació mi hijo sentí alegría; cuando veo la tragedia de los inmigrantes siento pena y compasión; cuando medito profundamente, a veces me siento feliz”. Todo esto es normal, natural; la diferencia está en que estos sentimientos no arraigan en él, no le atrapan. Cuando siente dolor, lo siente profundamente, pero comprende que no es parte de él; cuando está contento, la alegría le llena, pero no le sobrepasa; cuando esta triste y se compadece de otros sabe que, en el fondo, todo es una ilusión; cuando se siente embriagadoramente feliz, conserva la sensación de ser algo más allá de la felicidad.

61.Respiración completa


 T. Krishnamacharya practicando śītālī prāṇāyāma


En la respiración completa tradicional del haṭhayoga, lo primero que se llena de aire es la parte baja de los pulmones, después la parte media y finalmente la parte superior. Para vaciar los pulmones tradicionalmente se procede en sentido inverso: primero la parte superior, después la media y, por último, la inferior.

Pero la forma de proceder en la espiración creo que es mejor hacerla al revés. Hay escuelas modernas, como la del Viniyoga de Desikachar en las que, para la espiración, se recomienda exactamente así. La justificación es que, haciéndolo de esta manera es más fácil mantener la espalda recta y la columna vertebral erguida durante todo el ejercicio, condición esencial para la práctica del prāṇāyāma. En cualquier caso, el problema de mantener la espalda recta podría solucionarse utilizando un cojín de meditación o una manta doblada para sentarse.

No obstante, llenar los pulmones de aire es como llenar una botella de agua: el agua entra por la parte superior de la botella pero no se queda ahí; el agua primera se va al fondo empujada por la que viene detrás. Y, viceversa, vaciar los pulmones de aire es como vaciar una botella de agua: primero sale el agua de la parte superior, pero empujada por el agua que esta debajo. El vacío en la botella y en los pulmones comienza en la parte inferior.

113. Demostrar las āsanas