viernes, 9 de octubre de 2026

119. Meditar a cada instante

 

Ram Das Ji Yogiraj en siddhāsana, 1995

Da igual si llevamos cinco días o cinco años practicando meditación. Hay que practicar la meditación con igual intensidad a cada instante, porque cada instante es único. ¿Quién sabe si mañana seguiremos con vida? ¿Quién se acuerda aún de ayer? Lo verdaderamente importante es lo que hago en este momento. Meditar consiste en observar la mente y llevarla a casa, es decir, volverla hacia el interior y descansar en la auténtica naturaleza. Meditar es buscar el despertar de la ilusión y ver lo que somos en realidad, conciencia pura e inmutable.

Para meditar hay que estar tranquilo, ser lo más natural y espacioso posible. Hay que contemplar al ego, con toda su angustia y posesividad habitual, como un bloque de hielo derritiéndose al sol del fuego interior generado por la práctica. Hay que dejar que la paz actúe en uno mismo para que pueda recogerse la mente dispersa y despierte la “visión clara” o lucidez. Entonces, poco a poco, toda la negatividad desaparece, la agresividad se disuelve y la confusión se disipa, como la niebla en el cielo infinito e inmaculado de nuestra naturaleza absoluta.


118. Técnicas clásicas


André Van Lysebeth en naulī, 1963

La respiración yóguica completa en tres fases no es una técnica propia del haṭhayoga clásico. En ningún manual de yoga clásico se menciona esta práctica. Realmente se trata de una respiración profunda en la que se busca inspirar la máxima cantidad de aire y espirar lo más posible. Debería ser una técnica natural, tal como lo es para muchos animales, pero debido a nuestras actuales condiciones de vida sedentaria hemos perdido la capacidad natural de respirar profundamente. Por eso, a principios del siglo XX, pioneros del yoga moderno en la India, como Sivananda y Kuvalayananda entre otros, empezaron a enseñar la mejor forma de respirar aprovechando toda la capacidad pulmonar disponible y creando así la respiración yóguica completa. 

Otra técnica muy popular que tampoco es propia del haṭhayoga clásico es el saludo al sol. Ni mucho menos derivados suyos, como el saludo a la luna. Esta famosa secuencia de movimientos se diseñó también a principios del siglo pasado como una serie de ejercicios aeróbicos adecuados para calentar la musculatura y previos a la práctica de las āsanas. Hoy en día, el saludo al sol ha ganado en importancia y popularidad. Prácticamente no falta en ninguna secuencia de yoga, habiendo ampliado notoriamente su complejidad. Ciertamente, si adoptásemos una forma de vida más natural, en la que no fuese necesario ir al gimnasio para “ponernos en forma” o contar las calorías que ingerimos para no pasarnos de peso, la práctica del haṭhayoga seguiría mostrando su faceta más espiritual y menos gimnástica, como en épocas anteriores. ¿Cuáles serían entonces las técnicas respiratorias y físicas propias del yoga clásico? Aún no se ha investigado suficiente en este terreno y Patañjali sólo da unas claves genéricas para definir lo que es un āsana: “La postura (āsana) para alcanzar el samādhi debe ser estable, firme y cómoda, es decir, que pueda mantenerse inmóvil durante largo tiempo“. También define el prāṇāyāma proporcionando unas características generales que toda técnica respiratoria debe poseer para ser considerada como prāṇāyāma: “Una vez establecido correctamente en la postura de meditación, el yogui se dedica a controlar la respiración (prāṇāyāma) haciendo más largo y pausado el movimiento respiratorio. La respiración se vuelve prolongada y sutil cuando el yogui es consciente de sus tres fases (inspiración, espiración y detención), del espacio recorrido por el aire, de la duración de cada fase respiratoria y del número de respiraciones que efectúa”. Más adelante, en textos como el Haṭhayogapradīpikā, el Gheraṇḍasaṃhitā, el Śivasaṃhitā o el Gorakṣaśataka, se definen más específicamente las principales āsanas y prāṇāyāmas.

 

lunes, 5 de octubre de 2026

117. Nuestra meditación

Swami en meditación

Exactamente igual que vivimos, así es nuestra meditación: con miedos, con imágenes, con conceptos… Durante la meditación, los más nostálgicos se dedican sobre todo a rememorar su pasado; los enamorados sólo ven a su pareja y los más dispersos son víctima de multitud de estímulos. Porque nadie se sienta a meditar con lo que no es. Meditar no es sólo sentarse inmóvil, con la espalda recta y en silencio; hay que observar lo que sucede en nuestro interior. Cuanto más observamos, más aceptamos. La observación desapegada no cambia las cosas que nos suceden, pero nos cambia a nosotros mismos. Siempre andamos buscando soluciones a nuestros problemas y quizás lo más razonable sea encarar cada obstáculo que se nos presenta y vivirlo directamente. Entonces puede que nos demos cuenta de que en realidad no hay tales obstáculos. O somos conscientes de nuestros enfados, nuestros nervios y nuestras preocupaciones…, o los nervios, las preocupaciones y los enfados nos dominarán.

 

116. La oración en el yoga clásico

ekapadaūrdhvadhanurāsana

En el yoga clásico no hay oración. Orar es hablar con Dios. Se trata de un término religioso. Patañjali habla de īśvarapraṇidhāna, que significa entrega o sumisión al ser supremo, a la perfecta esencia completamente aislada, en el sentido de abandono de los frutos de nuestras acciones o actuación con desapego absoluto. Esto no es orar. También dice Patañjali que esta entrega a īśvara puede practicarse mediante la recitación de "om". Recitar "om" puede parecer un rezo desde el exterior, pero no conlleva la componente de diálogo con la divinidad en la cual suelen incorporarse peticiones personales a un poder cósmico.

En el yoga postclásico, practicado dentro del seno del hinduismo, se incorpora el canto de mantras o kirtan, en los cuales se establece una especie de diálogo-alabanza-petición a los dioses. Esto ya podría considerarse propiamente una oración. Algunos dicen que sentir la “presencia” es un modo de orar, de "hablar" con el Ser, de estar unido. Pero, ¿sentir la presencia, de qué?, ¿unirse, a qué? Para orar tiene que haber dos entidades separadas: el que ora y aquello a lo que se dirige. Esto puede tener sentido en otras filosofías o en las distintas religiones, pero en el yoga de Patañjali lo que se persigue no es una unión con algo superior, sino una vuelta al origen, al reencuentro con uno mismo, con la esencia que en verdad somos.

 

115. Flexibilidad

 

gheraṇḍāsana

La flexibilidad es la principal característica física de la juventud. Cuando alguien entra en un centro de yoga para su primera sesión, se siente bastante frustrado: la sencilla pinza parece una hazaña totalmente inaccesible, las rodillas se niegan a seguir apoyándose en el suelo y la espalda permanece rígida como una tabla. Sin embargo, tras unos pocos días de práctica, comprobamos que se puede vencer esa inercia de la columna y que la flexibilidad natural se recupera poco a poco. Si somos constantes, en pocos meses o años, dependiendo de nuestra edad y constitución, alcanzaremos un aceptable nivel de flexibilidad. Más adelante, los progresos se harán más lentos y en cierto momento parecerá que hemos alcanzado nuestro tope. Esta es la evolución normal que todos seguimos.

En la práctica, no es realmente necesario forzar las āsanas hasta llegar al límite extremo de elasticidad. Es conveniente dejar un pequeño margen de seguridad en el estiramiento que nos permita relajar los músculos y evite que, sin querer, sobrepasemos nuestros límites. El estiramiento debe ser siempre agradable. Forzar las āsanas hasta el límite extremo no nos hará más flexibles en menos tiempo. La práctica regular y perseverante, con lentitud y concentración, resulta mucho más eficaz que la intensidad en las āsanas. Durante el máximo estiramiento hay todo un trabajo de relajación que debe hacerse a nivel inconsciente. Con la técnica adecuada, se puede recuperar muy bien la flexibilidad pues, sin duda, podemos ser mucho más flexibles de lo que creemos.


114. Deformación de los sentidos

 

Pintura mural de un yogui en postura desconocida

Durante la meditación, especialmente cuando se practica con los ojos cerrados, hay momentos en que la sensación de la postura adoptada cambia por otra irreal en la que nos parece que el tronco se alarga o acorta, o que cambia radicalmente la orientación del cuerpo dentro de la sala de meditación. Todo esto es normal y se acompaña de una gran relajación.

Cuando profundizamos en la interiorización, lo primero que se produce es una inhibición automática de los sentidos (pratyāhāra). Los cinco sentidos ordinarios dejan de funcionar de la forma acostumbrada, o mejor aún, los órganos de los sentidos funcionan como siempre pero, de alguna manera, nuestra conciencia se desconecta de estos órganos o, más bien, podríamos decir que modifica dicha conexión. Es decir, podemos oír, ver, etc., a nuestro alrededor, sin que nos afecte en modo alguno lo que vemos, oímos, etc. Además, como extensión de esta inhibición sensorial, se puede distorsionar el sentido de ubicación e incluso se pueden percibir las sensaciones visuales, auditivas, etc., deformadas. Es como si lo que hasta ahora siempre había constituido una realidad incuestionable, perdiese credibilidad. Por supuesto, todas estas sensaciones son pasajeras, preludio para una mayor interiorización y normalmente muy placenteras. No hay que centrarse en ellas…, solo hay que ser conscientes de lo que sucede, sin establecerse en tales experiencias, sin que nos afecten.


sábado, 27 de diciembre de 2025

113. Demostrar las āsanas

Un joven T.K.V. Desikachar en vimānāsana

Algunos profesores de yoga nunca hacen posturas delante de sus alumnos; puede ser una opción válida. Sin embargo, la mayoría prefieren mostrar las posturas en clase pues piensan que una breve demostración es preferible a una larga explicación.

En estos casos, no suelen llegar hasta el límite y mantienen las posturas muy brevemente pues al contrario que en su práctica personal, muchas veces los músculos del profesor no están lo suficientemente calientes. Además, si en estos momentos tiene que hablar para dar explicaciones, su mente se distraerá del āsana y correrá un cierto riesgo de lesión.

Mostrar un āsana en clase para enseñar la postura a los alumnos es muy distinto a practicar en solitario con una serie personal de posturas que se preparan y armonizan entre sí. Por tanto, en clase, el profesor debería mantenerse lejos de su práctica normal y si por casualidad alcanzara su límite de elasticidad debería concentrarse y evitar hablar en esos momentos. Por otro lado, la práctica puntual de āsanas en clase con sus alumnos, no debe eximir al profesor de practicar su sesión personal, especialmente si un día concreto tiene previsto dar varias clases seguidas.

 

112. Observar la mente es la clave

haṭhayogui en dvipādasirsāsana

La mente puede reflejar, tanto la pura conciencia, como el mundo fenoménico. Tiene dos funciones: presentar el mundo ante la pura conciencia y presentar la pura conciencia ante ella misma. La mente es un proceso compuesto que sirve necesariamente para un propósito ajeno a sí misma: la liberación a través de la experiencia del mundo objetivo. Sin embargo, buena parte del tiempo que se pasa en meditación, lo pasamos soñando despiertos. No nos engañemos, eso no es meditación. Lo parece, pero no lo es. No se trata de soñar despierto, sino de estar despierto. Cuando fantaseamos nos escapamos de la realidad. El problema es que nos gustan nuestras fantasías y nos inundamos de ellas. Vivimos llenos de ideas e ideales, confundiendo la vida real con las fantasías.

El objetivo de la meditación es lo más misterioso que existe, pues no es nada en particular, al menos nada que pueda explicarse. Meditar es, fundamentalmente, permanecer sentados absolutamente quietos y en silencio; y sentarse en silencio es, básicamente, observar los propios pensamientos. Observar la mente es la clave, pues mientras observamos no fantaseamos. Lo bueno de la meditación es que, con la práctica, llegamos a desechar todo lo irreal y a quedarnos exclusivamente con lo real, con la vida tal como es. Y entonces apreciamos colores, sabores, texturas y olores que son auténticos. Meditar es tirarse de cabeza a la realidad.

 

111.Orgullo

 

padmasirsāsana

El yoga tiene 8000 años de antigüedad, dice uno. No, tiene cientos de miles, dice otro. Los arios invadieron la India, dice uno. No, la India nunca fue invadida por los arios, dice otro. Patañjali vivió en el siglo V e.c., dice uno. No, vivió en el siglo II a.e.c. y además de yogui, fue gramático, médico y músico, dice otro. Las cosas existen realmente, dice uno. No, todo lo que hay es una ilusión de nuestros sentidos, dice otro... Y así vamos pasando el tiempo, en banalidades, olvidando lo que realmente importa. Tratamos de imponer nuestro criterio sin abrirnos a opiniones contrarias. Construimos un mundo de paradigmas y creencias personales que se vuelven inamovibles e intentamos con todas nuestras fuerzas que no se destruya. Nuestro ego está detrás. Nos horroriza perder la seguridad que proporciona el sistema de creencias que hemos construido. Tenemos miedo, mucho miedo.

Realmente, cuando buscamos la verdad, las creencias, la cultura y los datos no tienen la más mínima importancia. Precisamente tenemos que desprendernos de todo esto. Hay que aprender a callar, a aceptar el pensamiento contrario como posible. Hay que dejar el orgullo a un lado para que afloren la comprensión, el amor y la humildad. Tenemos que perder el miedo a abrirnos a lo desconocido, aunque lo que encontremos al final no tenga nada que ver con nuestras ideas preconcebidas. Entonces, seguramente miraremos atrás y sonreiremos...


domingo, 14 de diciembre de 2025

110. Origen de las āsanas



Pinturas en una cueva de Addaura, Sicilia, 15000-10000 a.e.c., mostrando a dos hombres en las posturas de la cobra real y el escorpión dentro de un círculo de danzantes.

El yoga, como disciplina espiritual, tiene sus orígenes en el Valle del Indo, actualmente Pakistán, hace miles de años (quizás entre 6 y 8 mil años, según las últimas investigaciones).  Parece ser que al principio derivó de las técnicas chamánicas inductoras del éxtasis heredadas del paleolítico, que utilizaban plantas alucinógenas, técnicas de ascetismo, música rítmica y danza mística. Concretamente, a la danza mística y acrobática que practicaban estos buscadores de la verdad se atribuye en gran parte el origen de las āsanas. En las cuevas de Addaura, Sicilia, se pueden apreciar unas pinturas rupestres del 15000-10000 a.e.c. representando a danzantes en posturas que evocan algunas āsanas de yoga. También en la cultura del antiguo Egipto se practicaba la danza acrobática con posturas muy complejas, posturas de inversión y de gran extensión corporal.


Sello de Paśupati, Valle del Indo, mostrando la imagen de un asceta en baddhakoṇāsana, 3000 a.e.c.

El paso de la danza a las posturas propias del yoga se sintetiza en el antiguo Śaivismo del Valle del Indo. Los chamanes de aquella cultura, los antiguos ṛṣis, observando a los animales pensaron que la imitación de las posturas que adoptaban les facilitaría la adquisición de ciertas características propias de dichos animales. Lo mismo dedujeron de la observación de la vida vegetal, de la naturaleza y del cielo estelar. Por otro lado, el desarrollo de la medicina natural y la anatomía, permitieron un conocimiento más profundo del cuerpo humano y sus funciones. El conocido sello de Paśupati encontrado en el Valle del Indo y mostrando la imagen de un asceta sentado en postura de meditación (baddhakoṇāsana), puede fecharse hacia el 3000 a.e.c. Pero hay que esperar hasta Vyāsa en el siglo V, para encontrar la primera cita de una serie de posturas, entre las que destacan las āsanas de meditación. El primer grabado de una postura yóguica, distinta de las āsanas de meditación, se descubrió en la pared de un templo en Andhra Pradesh, fechado cerca de 1510. Sin duda, las āsanas son una parte importante del yoga esotérico desde su mismo inicio, hace ya miles de años.


 

109.Namaste

Namaste al inicio del saludo al sol

Namaste es un término sánscrito que significa literalmente “te saludo a ti”. Es una fórmula de reverencia muy extendida por todo el continente asiático que suele acompañarse del añjali mudrā: un gesto en el que se unen las dos palmas de las manos a la altura del pecho. Tal es su importancia que solo adoptando este gesto y sin palabras, a veces acompañado de una ligera inclinación de cabeza o incluso del tronco, se expresa un profundo y humilde respeto hacia lo otro.

Se suele hacer namaste no solo al encontrarse o separarse dos personas, sino también ante cualquier objeto simbólico, ante un paisaje excepcional, como gesto de agradecimiento o incluso ante el mismo asiento de meditación, considerado como asiento sagrado donde la realidad puede ser percibida.

108.Respiración en las asanas


En haṭhayoga, todo āsana debe ser conducido por la respiración consciente. El método para coordinar la respiración con los movimientos y la permanencia en las posturas, puede ser muy distinto de uno a otro practicante y de una a otra escuela. 

El primer método, el más sencillo, consiste en respirar conscientemente pero de forma normal, sin detenciones ni brusquedad, en forma silenciosa, fácil y regular durante toda la sesión de āsanas. 

Otro método, más elaborado y complejo, consiste en sincronizar rigurosamente la respiración con las diversas fases de cada āsana. En general, las inspiraciones se utilizan durante los movimientos de extensión hacia atrás. Las espiraciones en los de flexión hacia adelante y en los movimientos de torsión. Además, también pueden incluirse retenciones con los pulmones llenos durante la fase estática de algunas posturas. Se trata de un método mucho más avanzado y requiere la supervisión de un profesor competente pues, en caso de error, puede disminuir de forma importante la eficacia de la postura. 

Finalmente, otro método aún más complicado, combina el primero de respiración consciente, pero ahora más profunda y lenta, con la técnica ujjāyī. Esta técnica consiste esencialmente en igualar el tiempo de inspiración y espiración y frenar el paso del aire, tanto al inspirar como al espirar contrayendo un poco la zona de la glotis. El aire así frenado produce un ligero zumbido o sonido sordo a su paso por la parte posterior del paladar. El sonido producido es débil pero perfectamente audible desde el exterior y similar a un ronquido suave.

Todos estos métodos buscan la penetración consciente del aliento, la absorción de la mente y la comunión íntima con el cuerpo. Mucho más que adquirir gran flexibilidad y poder hacer posturas increíbles, concentrarse en la respiración y sincronizarla con el movimiento es la forma correcta de profundizar en la práctica de las āsanas.


119. Meditar a cada instante