sábado, 27 de diciembre de 2025

113. Demostrar las āsanas

Un joven T.K.V. Desikachar en vimānāsana

Algunos profesores de yoga nunca hacen posturas delante de sus alumnos; puede ser una opción válida. Sin embargo, la mayoría prefieren mostrar las posturas en clase pues piensan que una breve demostración es preferible a una larga explicación.

En estos casos, no suelen llegar hasta el límite y mantienen las posturas muy brevemente pues al contrario que en su práctica personal, muchas veces los músculos del profesor no están lo suficientemente calientes. Además, si en estos momentos tiene que hablar para dar explicaciones, su mente se distraerá del āsana y correrá un cierto riesgo de lesión.

Mostrar un āsana en clase para enseñar la postura a los alumnos es muy distinto a practicar en solitario con una serie personal de posturas que se preparan y armonizan entre sí. Por tanto, en clase, el profesor debería mantenerse lejos de su práctica normal y si por casualidad alcanzara su límite de elasticidad debería concentrarse y evitar hablar en esos momentos. Por otro lado, la práctica puntual de āsanas en clase con sus alumnos, no debe eximir al profesor de practicar su sesión personal, especialmente si un día concreto tiene previsto dar varias clases seguidas.

 

112. Observar la mente es la clave

haṭhayogui en dvipādasirsāsana

La mente puede reflejar, tanto la pura conciencia, como el mundo fenoménico. Tiene dos funciones: presentar el mundo ante la pura conciencia y presentar la pura conciencia ante ella misma. La mente es un proceso compuesto que sirve necesariamente para un propósito ajeno a sí misma: la liberación a través de la experiencia del mundo objetivo. Sin embargo, buena parte del tiempo que se pasa en meditación, lo pasamos soñando despiertos. No nos engañemos, eso no es meditación. Lo parece, pero no lo es. No se trata de soñar despierto, sino de estar despierto. Cuando fantaseamos nos escapamos de la realidad. El problema es que nos gustan nuestras fantasías y nos inundamos de ellas. Vivimos llenos de ideas e ideales, confundiendo la vida real con las fantasías.

El objetivo de la meditación es lo más misterioso que existe, pues no es nada en particular, al menos nada que pueda explicarse. Meditar es, fundamentalmente, permanecer sentados absolutamente quietos y en silencio; y sentarse en silencio es, básicamente, observar los propios pensamientos. Observar la mente es la clave, pues mientras observamos no fantaseamos. Lo bueno de la meditación es que, con la práctica, llegamos a desechar todo lo irreal y a quedarnos exclusivamente con lo real, con la vida tal como es. Y entonces apreciamos colores, sabores, texturas y olores que son auténticos. Meditar es tirarse de cabeza a la realidad.

 

111.Orgullo

 

padmasirsāsana

El yoga tiene 8000 años de antigüedad, dice uno. No, tiene cientos de miles, dice otro. Los arios invadieron la India, dice uno. No, la India nunca fue invadida por los arios, dice otro. Patañjali vivió en el siglo V e.c., dice uno. No, vivió en el siglo II a.e.c. y además de yogui, fue gramático, médico y músico, dice otro. Las cosas existen realmente, dice uno. No, todo lo que hay es una ilusión de nuestros sentidos, dice otro... Y así vamos pasando el tiempo, en banalidades, olvidando lo que realmente importa. Tratamos de imponer nuestro criterio sin abrirnos a opiniones contrarias. Construimos un mundo de paradigmas y creencias personales que se vuelven inamovibles e intentamos con todas nuestras fuerzas que no se destruya. Nuestro ego está detrás. Nos horroriza perder la seguridad que proporciona el sistema de creencias que hemos construido. Tenemos miedo, mucho miedo.

Realmente, cuando buscamos la verdad, las creencias, la cultura y los datos no tienen la más mínima importancia. Precisamente tenemos que desprendernos de todo esto. Hay que aprender a callar, a aceptar el pensamiento contrario como posible. Hay que dejar el orgullo a un lado para que afloren la comprensión, el amor y la humildad. Tenemos que perder el miedo a abrirnos a lo desconocido, aunque lo que encontremos al final no tenga nada que ver con nuestras ideas preconcebidas. Entonces, seguramente miraremos atrás y sonreiremos...


domingo, 14 de diciembre de 2025

110. Origen de las āsanas



Pinturas en una cueva de Addaura, Sicilia, 15000-10000 a.e.c., mostrando a dos hombres en las posturas de la cobra real y el escorpión dentro de un círculo de danzantes.

El yoga, como disciplina espiritual, tiene sus orígenes en el Valle del Indo, actualmente Pakistán, hace miles de años (quizás entre 6 y 8 mil años, según las últimas investigaciones).  Parece ser que al principio derivó de las técnicas chamánicas inductoras del éxtasis heredadas del paleolítico, que utilizaban plantas alucinógenas, técnicas de ascetismo, música rítmica y danza mística. Concretamente, a la danza mística y acrobática que practicaban estos buscadores de la verdad se atribuye en gran parte el origen de las āsanas. En las cuevas de Addaura, Sicilia, se pueden apreciar unas pinturas rupestres del 15000-10000 a.e.c. representando a danzantes en posturas que evocan algunas āsanas de yoga. También en la cultura del antiguo Egipto se practicaba la danza acrobática con posturas muy complejas, posturas de inversión y de gran extensión corporal.


Sello de Paśupati, Valle del Indo, mostrando la imagen de un asceta en baddhakoṇāsana, 3000 a.e.c.

El paso de la danza a las posturas propias del yoga se sintetiza en el antiguo Śaivismo del Valle del Indo. Los chamanes de aquella cultura, los antiguos ṛṣis, observando a los animales pensaron que la imitación de las posturas que adoptaban les facilitaría la adquisición de ciertas características propias de dichos animales. Lo mismo dedujeron de la observación de la vida vegetal, de la naturaleza y del cielo estelar. Por otro lado, el desarrollo de la medicina natural y la anatomía, permitieron un conocimiento más profundo del cuerpo humano y sus funciones. El conocido sello de Paśupati encontrado en el Valle del Indo y mostrando la imagen de un asceta sentado en postura de meditación (baddhakoṇāsana), puede fecharse hacia el 3000 a.e.c. Pero hay que esperar hasta Vyāsa en el siglo V, para encontrar la primera cita de una serie de posturas, entre las que destacan las āsanas de meditación. El primer grabado de una postura yóguica, distinta de las āsanas de meditación, se descubrió en la pared de un templo en Andhra Pradesh, fechado cerca de 1510. Sin duda, las āsanas son una parte importante del yoga esotérico desde su mismo inicio, hace ya miles de años.


 

109.Namaste

Namaste al inicio del saludo al sol

Namaste es un término sánscrito que significa literalmente “te saludo a ti”. Es una fórmula de reverencia muy extendida por todo el continente asiático que suele acompañarse del añjali mudrā: un gesto en el que se unen las dos palmas de las manos a la altura del pecho. Tal es su importancia que solo adoptando este gesto y sin palabras, a veces acompañado de una ligera inclinación de cabeza o incluso del tronco, se expresa un profundo y humilde respeto hacia lo otro.

Se suele hacer namaste no solo al encontrarse o separarse dos personas, sino también ante cualquier objeto simbólico, ante un paisaje excepcional, como gesto de agradecimiento o incluso ante el mismo asiento de meditación, considerado como asiento sagrado donde la realidad puede ser percibida.

108.Respiración en las asanas


En haṭhayoga, todo āsana debe ser conducido por la respiración consciente. El método para coordinar la respiración con los movimientos y la permanencia en las posturas, puede ser muy distinto de uno a otro practicante y de una a otra escuela. 

El primer método, el más sencillo, consiste en respirar conscientemente pero de forma normal, sin detenciones ni brusquedad, en forma silenciosa, fácil y regular durante toda la sesión de āsanas

Otro método, más elaborado y complejo, consiste en sincronizar rigurosamente la respiración con las diversas fases de cada āsana. En general, las inspiraciones se utilizan durante los movimientos de extensión hacia atrás. Las espiraciones en los de flexión hacia adelante y en los movimientos de torsión. Además, también pueden incluirse retenciones con los pulmones llenos durante la fase estática de algunas posturas. Se trata de un método mucho más avanzado y requiere la supervisión de un profesor competente pues, en caso de error, puede disminuir de forma importante la eficacia de la postura. 

Finalmente, otro método aún más complicado, combina el primero de respiración consciente, pero ahora más profunda y lenta, con la técnica ujjāyī. Esta técnica consiste esencialmente en igualar el tiempo de inspiración y espiración y frenar el paso del aire, tanto al inspirar como al espirar contrayendo un poco la zona de la glotis. El aire así frenado produce un ligero zumbido o sonido sordo a su paso por la parte posterior del paladar. El sonido producido es débil pero perfectamente audible desde el exterior y similar a un ronquido suave.

Todos estos métodos buscan la penetración consciente del aliento, la absorción de la mente y la comunión íntima con el cuerpo. Mucho más que adquirir gran flexibilidad y poder hacer posturas increíbles, concentrarse en la respiración y sincronizarla con el movimiento es la forma correcta de profundizar en la práctica de las āsanas.


107. El sentido de la vida

 

gomukhāsana

A una mascota no le preocupa el sentido de la vida. Lo que puede preocuparle es que su amo no le dé la comida a la hora acostumbrada, pero desde luego no se siente afligida preguntándose si conseguirá algún deseo o la liberación espiritual. Mientras reciba su comida y un poco de cariño, su vida será perfecta. Pero los seres humanos no somos como las mascotas. Nuestra mente nos crea numerosos problemas. Si no conseguimos entender las cosas, si no alcanzamos a conocer como funcionamos, quienes somos en realidad y para qué vivimos y morimos, nos inundará una profunda insatisfacción.

Hasta cierto punto, todos encontramos la vida difícil, desconcertante e injusta. Aun cuando todo vaya bien, nos preocupa pensar que probablemente no durará mucho. Nadie piensa que su vida sea perfecta, pero hay algo dentro de nosotros que sabe básicamente que somos libres e ilimitados. Estamos atrapados en una gran contradicción, vemos la vida como un gran enigma y así, empezamos a buscar respuestas a este problema. Primero buscamos fuera de nosotros: un coche más grande, mejor casa, mejores vacaciones, mejor trabajo. Todos pasamos por esto y cuando comprobamos que seguimos insatisfechos iniciamos una búsqueda más sutil y emprendemos una disciplina espiritual. Puede ser el yoga, el tai-chi, el zen o el budismo tibetano..., incluso alguna de las artes marciales. Y puede que también nos pasemos un tiempo cambiando de una a otra disciplina para al final decidirnos por un camino personal de descubrimiento interior que nos alumbre la razón de la existencia. Aun así, seguiremos teniendo deseos y rechazos, apegos y aversiones, pero ahora será por motivos totalmente diferentes. Desearemos comprender la existencia y alcanzar la iluminación. Evitaremos la violencia, el daño a los otros y a nuestro entorno. Y, quien sabe, quizás algún día lleguemos a comprender que ni siquiera hay que perseguir estas motivaciones, que no hay que buscar la iluminación, pues ha estado siempre ahí, justamente delante de nuestras narices.


106. Meditación en grupo

 

Theos Bernard revisando textos tibetanos en Lasha, 1936

Casi todo el mundo se inicia en yoga practicando āsanas, relajación y algún ejercicio de respiración en un centro de yoga. Al cabo de un tiempo, quizás por la forma de dar clase el profesor o porque el fruto ya está maduro, lo cierto es que algunos alumnos necesitan comenzar con la meditación. La meditación es la técnica reina, la verdadera práctica que lleva al practicante al estado de Yoga.

Igual que con las técnicas psicofísicas, la meditación se empieza a practicar en grupo, aunque formar un grupo de este tipo pueda parecer una gran responsabilidad para un profesor de yoga con poca o mediana experiencia. Como norma general, el profesor debe seguir su instinto y enseñar lo que él mismo practica. En realidad la meditación no se enseña. Sólo se enseña una técnica sencilla que puede llevar hacia la meditación. Por añadidura, el profesor tiene que responder las dudas que plantean los que se inician. Aquí, mucho más que en otras técnicas, la clave es la paciencia, tanto para los discípulos como para el maestro, pues para formar un grupo de estas características no es necesario ser un gran maestro. Se trata de dirigir a unas personas que se sientan a meditar juntas creando un clima de fuerza interior. Una de ellas debe marcar la pauta a seguir, pero no tiene porqué ser un maestro autorrealizado. Es suficiente con tener cierta experiencia. El grupo evoluciona por sí mismo. En estos casos, es bueno invitar a un maestro reconocido siempre que se pueda, sea de la escuela que sea, y organizar asistencias del grupo a encuentros de meditación con maestros experimentados. Sin duda, la meditación en grupo es mucho más fuerte que en solitario y a diferencia de cuando se enseñan āsanas y prāṇāyāma, el profesor puede ser un practicante más que participe de la profunda intensidad que se crea.


miércoles, 29 de octubre de 2025

105. ¿Es femenino el yoga?


Vanda Scaravelli en dvipādasirsāsana

El yoga se desarrolló en la India como práctica casi exclusivamente masculina y durante milenios ha evolucionado sin salir del subcontinente indio. Hace poco más de cien años se inició su difusión en otros países y hoy en día se calcula que hay más de 250 millones de practicantes de yoga en todo el mundo, de los cuales solo en Estados Unidos practican unos 20 millones de personas, 4 millones en Alemania, 4 millones en el Reino Unido y 3 en Francia. Aunque estos datos son solo estimativos, dan idea de la dimensión social que constituye esta práctica.

Una interesante consecuencia de esta fuerte expansión es que el dominio masculino ha cambiado radicalmente. Aproximadamente el 80% de practicantes de yoga fuera de la India son mujeres entre los 35 y los 55 años de edad, aunque se mantiene equitativa la proporción de sexos entre profesores. Para comprender este fenómeno podemos fijarnos en los deportes, en especial en los de competición que por lo general cuentan con más practicantes y espectadores masculinos que femeninos. Quizás sea porque el deporte persigue “vencer a los otros”, mientras que el yoga lo que persigue es “dominarse a sí mismo”. El deporte es activo y se orienta hacia el exterior, y el yoga es pasivo y se dirige hacia el mundo interior. El deporte requiere fuerza y resistencia, mientras que el yoga busca sobre todo equilibrio y flexibilidad. Desde un punto de vista estético, el deporte desarrolla la musculatura y el yoga favorece más la gracia y armonía de movimientos. En consecuencia, parece que en nuestra cultura el yoga físico está más destinado a las mujeres que a los hombres, debido al arraigado estereotipo de la virilidad occidental.

104. Longitud de la espiración

Rajeswari Raman en paścimottānāsana

La longitud de la respiración está directamente relacionada con la actividad que desarrollamos. En el Gheraṇḍasaṃhitā se establecen para distintas situaciones las siguientes medidas: “La longitud normal de la espiración es de 12 dedos (22,86 cm); cuando se canta, esta corriente mide 16 dedos (30,48 cm); al comer es de 20 (38,10 cm); al caminar es de 24 (45,72 cm); al dormir es de 30 (57,15 cm); durante las relaciones sexuales es de 36 (68,58 cm) y al hacer ejercicio físico puede ser aún mayor. Reduciendo la longitud normal de la espiración por debajo de 12 dedos y haciéndola cada vez menor, se alarga la duración de la vida. Por contra, aumentando la longitud de la espiración la duración de la vida se reduce”.

También se ha observado que mientras más absorta y concentrada está la mente, más corto es el aliento. Y durante el samādhi se vuelve imperceptible. Por ello, una práctica avanzada y aparentemente sencilla de prāṇāyāma es tomar conciencia de la respiración y reducir progresivamente su longitud. La respiración debe volverse cada vez más silenciosa y suave, cada vez más lenta y profunda, sin sacudidas, hasta que prácticamente desaparece toda actividad respiratoria y se confunden inspiración y espiración en un movimiento mínimo. Esta técnica exige una concentración excepcional. Su dominio supone prácticamente la suspensión automática de la respiración; es el "cuarto estado", la práctica más elevada de prāṇāyāma que abre las puertas de par en par hacia la interiorización profunda de la conciencia. 

 

103. Observación pura

 

Meditación tántrica

Para meditar no importa sentirse bien o mal, contento o triste, esperanzado o desilusionado. Cualquier estado de ánimo que se tenga es el mejor estado de ánimo posible en ese momento para sentarse a meditar. Cuando meditamos, estamos en donde sea plenamente. Entonces, la felicidad está al alcance de la mano; es algo muy simple. Sólo hay que pararse, callar, escuchar y mirar, aunque pararse, callar, escuchar y mirar se nos haga tan difícil que hayamos tenido que recurrir a un método concreto para algo que debiera ser natural. Meditar no es difícil, lo difícil es ponerse a ello.

Ciertamente, la meditación “desnuda”, la pura observación mental, puede ser el camino más directo y radical hacia nuestro ser más profundo, pero requiere una firme determinación. No es excepcional que quien se decide por una meditación tan dura y seca como ésta haya pasado antes por otras muchas disciplinas de búsqueda interior; y tampoco es excepcional que muchas personas salgan espantadas tras los primeros intentos de meditación, pues se trata de algo muy físico y muy simple; quizás, demasiado natural... En la meditación de pura observación, en quietud y silencio, no hay adornos ni florituras. Solo hace falta paciencia, determinación y una extraordinaria humildad, es decir, dejar las ideas y tocar la realidad.


102. Los estados mentales


Vanda Scaravelli con su maestro Iyengar en purnamatsyendrāsana

Básicamente podemos afirmar que casi todos somos pasivos o activos, pero es en la mezcla de ambos, donde predominan la duda y la inseguridad; es ahora cuando puede presentarse el interés por iniciar la búsqueda de uno mismo. Según el primer comentario de los Yoga Sutras, en todas las personas domina uno de los cinco estados mentales posibles:

1.- El primero corresponde a personas con poca energía, aletargadas, sin inclinación a actuar y cuyas mentes se encuentran confusas debido en muchos casos a sobrealimentación, falta de sueño, drogas, constitución física, etc. En ellas la pasividad (tamas) domina completamente.

2.- El segundo tipo corresponde al otro extremo:  personas impulsivas, inquietas, cuya mente está perturbada y es incapaz de entender algo al sentirse continuamente arrastrada por los deseos. En estas personas la actividad (rajas) es su razón de ser.

3.- No obstante, casi todos oscilamos entre la actividad y la inercia. Y es ahora, a partir de una mente inestable, insegura y llena de dudas, cuando tenemos la posibilidad de emprender la búsqueda interior. De esta forma se produce la concentración de la mente, aunque este estado no dura mucho a causa de su inherente tendencia a la distracción. Ahora, tamas y rajas se alternan para dominar la mente.

4.- A medida que ahondamos en la práctica, nuestra mente se dirige cada vez con más facilidad en una dirección y alcanzamos un estado mental nuevo en el que la lucidez mental (sattva) empieza a dominar sobre las características anteriores.

5.- Al final, podemos llegar al control mental absoluto, a la observación pura; entonces, la claridad mental domina completamente y descubrimos una nueva visión de las cosas, de las personas, del mundo...

113. Demostrar las āsanas