Meditación tántrica
Para meditar no
importa sentirse bien o mal, contento o triste, esperanzado o desilusionado.
Cualquier estado de ánimo que se tenga es el mejor estado de ánimo posible en
ese momento para sentarse a meditar. Cuando meditamos, estamos en donde sea
plenamente. Entonces, la felicidad está al alcance de la mano; es algo muy
simple. Sólo hay que pararse, callar, escuchar y mirar, aunque pararse, callar,
escuchar y mirar se nos haga tan difícil que hayamos tenido que recurrir a un
método concreto para algo que debiera ser natural. Meditar no es difícil, lo
difícil es ponerse a ello.
Ciertamente, la
meditación “desnuda”, la pura observación mental, puede ser el camino más
directo y radical hacia nuestro ser más profundo, pero requiere una firme
determinación. No es excepcional que quien se decide por una meditación tan
dura y seca como ésta haya pasado antes por otras muchas disciplinas de
búsqueda interior; y tampoco es excepcional que muchas personas salgan
espantadas tras los primeros intentos de meditación, pues se trata de algo muy
físico y muy simple; quizás, demasiado natural... En la meditación de pura
observación, en quietud y silencio, no hay adornos ni florituras. Solo hace
falta paciencia, determinación y una extraordinaria humildad, es decir, dejar
las ideas y tocar la realidad.

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