domingo, 14 de diciembre de 2025

107. El sentido de la vida

 

gomukhāsana

A una mascota no le preocupa el sentido de la vida. Lo que puede preocuparle es que su amo no le dé la comida a la hora acostumbrada, pero desde luego no se siente afligida preguntándose si conseguirá algún deseo o la liberación espiritual. Mientras reciba su comida y un poco de cariño, su vida será perfecta. Pero los seres humanos no somos como las mascotas. Nuestra mente nos crea numerosos problemas. Si no conseguimos entender las cosas, si no alcanzamos a conocer como funcionamos, quienes somos en realidad y para qué vivimos y morimos, nos inundará una profunda insatisfacción.

Hasta cierto punto, todos encontramos la vida difícil, desconcertante e injusta. Aun cuando todo vaya bien, nos preocupa pensar que probablemente no durará mucho. Nadie piensa que su vida sea perfecta, pero hay algo dentro de nosotros que sabe básicamente que somos libres e ilimitados. Estamos atrapados en una gran contradicción, vemos la vida como un gran enigma y así, empezamos a buscar respuestas a este problema. Primero buscamos fuera de nosotros: un coche más grande, mejor casa, mejores vacaciones, mejor trabajo. Todos pasamos por esto y cuando comprobamos que seguimos insatisfechos iniciamos una búsqueda más sutil y emprendemos una disciplina espiritual. Puede ser el yoga, el tai-chi, el zen o el budismo tibetano..., incluso alguna de las artes marciales. Y puede que también nos pasemos un tiempo cambiando de una a otra disciplina para al final decidirnos por un camino personal de descubrimiento interior que nos alumbre la razón de la existencia. Aun así, seguiremos teniendo deseos y rechazos, apegos y aversiones, pero ahora será por motivos totalmente diferentes. Desearemos comprender la existencia y alcanzar la iluminación. Evitaremos la violencia, el daño a los otros y a nuestro entorno. Y, quien sabe, quizás algún día lleguemos a comprender que ni siquiera hay que perseguir estas motivaciones, que no hay que buscar la iluminación, pues ha estado siempre ahí, justamente delante de nuestras narices.


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