sábado, 27 de diciembre de 2025

112. Observar la mente es la clave

haṭhayogui en dvipādasirsāsana

La mente puede reflejar, tanto la pura conciencia, como el mundo fenoménico. Tiene dos funciones: presentar el mundo ante la pura conciencia y presentar la pura conciencia ante ella misma. La mente es un proceso compuesto que sirve necesariamente para un propósito ajeno a sí misma: la liberación a través de la experiencia del mundo objetivo. Sin embargo, buena parte del tiempo que se pasa en meditación, lo pasamos soñando despiertos. No nos engañemos, eso no es meditación. Lo parece, pero no lo es. No se trata de soñar despierto, sino de estar despierto. Cuando fantaseamos nos escapamos de la realidad. El problema es que nos gustan nuestras fantasías y nos inundamos de ellas. Vivimos llenos de ideas e ideales, confundiendo la vida real con las fantasías.

El objetivo de la meditación es lo más misterioso que existe, pues no es nada en particular, al menos nada que pueda explicarse. Meditar es, fundamentalmente, permanecer sentados absolutamente quietos y en silencio; y sentarse en silencio es, básicamente, observar los propios pensamientos. Observar la mente es la clave, pues mientras observamos no fantaseamos. Lo bueno de la meditación es que, con la práctica, llegamos a desechar todo lo irreal y a quedarnos exclusivamente con lo real, con la vida tal como es. Y entonces apreciamos colores, sabores, texturas y olores que son auténticos. Meditar es tirarse de cabeza a la realidad.

 

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