Ram Das Ji Yogiraj en siddhāsana, 1995
Da igual si
llevamos cinco días o cinco años practicando meditación. Hay que practicar la
meditación con igual intensidad a cada instante, porque cada instante es único.
¿Quién sabe si mañana seguiremos con vida? ¿Quién se acuerda aún de ayer? Lo
verdaderamente importante es lo que hago en este momento. Meditar consiste en
observar la mente y llevarla a casa, es decir, volverla hacia el interior y
descansar en la auténtica naturaleza. Meditar es buscar el despertar de la
ilusión y ver lo que somos en realidad, conciencia pura e inmutable.
Para meditar hay
que estar tranquilo, ser lo más natural y espacioso posible. Hay que contemplar
al ego, con toda su angustia y posesividad habitual, como un bloque de hielo
derritiéndose al sol del fuego interior generado por la práctica. Hay que dejar
que la paz actúe en uno mismo para que pueda recogerse la mente dispersa y
despierte la “visión clara” o lucidez. Entonces, poco a poco, toda la
negatividad desaparece, la agresividad se disuelve y la confusión se disipa,
como la niebla en el cielo infinito e inmaculado de nuestra naturaleza
absoluta.

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