gheraṇḍāsana
La flexibilidad es
la principal característica física de la juventud. Cuando alguien entra en un centro
de yoga para su primera sesión, se siente bastante frustrado: la sencilla pinza
parece una hazaña totalmente inaccesible, las rodillas se niegan a seguir apoyándose
en el suelo y la espalda permanece rígida como una tabla. Sin embargo, tras
unos pocos días de práctica, comprobamos que se puede vencer esa inercia de la
columna y que la flexibilidad natural se recupera poco a poco. Si somos
constantes, en pocos meses o años, dependiendo de nuestra edad y constitución,
alcanzaremos un aceptable nivel de flexibilidad. Más adelante, los progresos se
harán más lentos y en cierto momento parecerá que hemos alcanzado nuestro tope.
Esta es la evolución normal que todos seguimos.
En la práctica, no
es realmente necesario forzar las āsanas hasta llegar al límite extremo
de elasticidad. Es conveniente dejar un pequeño margen de seguridad en el
estiramiento que nos permita relajar los músculos y evite que, sin querer,
sobrepasemos nuestros límites. El estiramiento debe ser siempre agradable.
Forzar las āsanas hasta el límite extremo no nos hará más flexibles en
menos tiempo. La práctica regular y perseverante, con lentitud y concentración,
resulta mucho más eficaz que la intensidad en las āsanas. Durante el
máximo estiramiento hay todo un trabajo de relajación que debe hacerse a nivel
inconsciente. Con la técnica adecuada, se puede recuperar muy bien la
flexibilidad pues, sin duda, podemos ser mucho más flexibles de lo que creemos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario