Sarath en baddhakonāsana
Nuestro mayor
problema es que no sabemos cual es nuestra esencia más íntima. Pensamos: “existo yo y el
mundo, objetos distintos, cosas diferentes, división, separación…” Creemos que
hay cosas que nos agradan y nos dan placer creando en nosotros el deseo de
poseerlas, de no perderlas, de repetirlas. Nos parece que hay objetos y
situaciones desagradables, que nos disgustan y crean malestar. Nace entonces la
aversión, el rechazo. Intentamos por todos los medios que no nos afecten, que
no se crucen en nuestro camino. Tanto el deseo como el rechazo crean una
tensión creciente que alimenta nuestras vidas y da origen al miedo. Miedo por
no obtener lo que deseamos, o por perderlo si lo tenemos. Miedo a que las
situaciones negativas nos afecten, a que se reproduzcan viejos problemas. Miedo
a lo desconocido y en último término, miedo a la muerte. Y todo esto, además de
resultar completamente agotador, desemboca en una situación permanente de
angustia, de ansiedad y dolor.
Para eliminar este
círculo vicioso, Patañjali propone la práctica de la meditación. Mediante la
pura observación de uno mismo, en completa quietud y silencio, llega a
desaparecer la distinción entre las cosas y surge nuestra auténtica naturaleza.
Entonces, la realidad se muestra clara y luminosa, como la luna llena en una
noche despejada.
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