Yogiraj Jagannath Das, Haridwar Kumbh Mela, 2010
Es curioso lo
distinto que es el yoga que se practica hoy en día del haṭhayoga que
durante siglos se ha practicado en la India y que se encuentra esbozado en
textos de la Edad Media, como el Haṭhayogapradīpikā. Hoy en occidente,
cada vez más se asimila el yoga a la práctica de un deporte de moda sin tener
en cuenta que las posturas no son simples ejercicios físicos, sino que actúan
intensamente sobre los sistemas nervioso y circulatorio, sobre los aparatos digestivo
y respiratorio, sobre las glándulas y el sistema linfático, etc. Su acción es
mucho más poderosa sobre los órganos internos que sobre los músculos y las
articulaciones y, sin embargo, se banalizan sus efectos sin tener en cuenta la
enorme influencia que ejercen en el organismo. Todo esto se amplifica si
hablamos del prāṇāyāma, tratado injustamente como simples ejercicios
respiratorios y despreciando su influencia sobre la energía vital que alimenta
nuestro ser.
En sus orígenes, el haṭhayoga
no era un método exclusivo de cultura física. Su principal objetivo era
purificar el cuerpo para que la energía primordial (prāṇa) pudiera
circular sin obstrucciones por el organismo y despertar kundalini, el potencial de energía
interna adormecido en nuestro interior. Se suponía que tal despertar conduciría
indefectiblemente hacia el samādhi, la conciencia trascendente, que era
el objetivo último. También se buscaba alargar la longevidad con objeto de
disponer de más tiempo para desarrollar las complicadas técnicas psicofísicas.
Otro objetivo del haṭhayoga tradicional era la consecución de poderes
paranormales, aunque se aconsejaba al auténtico buscador que hiciera un uso muy
discreto de ellos.
En fin, comparado con el yoga
de hoy en día, aunque sea muy loable la búsqueda de la salud física, la
flexibilidad, la relajación y el equilibrio emocional, tenemos que reconocer
que hemos bajado bastantes peldaños en nuestras expectativas. A diferencia de
antes, en que la práctica de āsanas no era ni con mucho lo más
importante, hoy en día las posturas marcan el principio y el fin de una sesión
de yoga. Las clases masivas en lugar de la relación directa del discípulo con
su maestro, las técnicas generalizadas para todo el mundo en vez de las
técnicas específicas que el gurú enseñaba a cada practicante; en definitiva, la
pérdida del esoterismo que de alguna forma transformaba el haṭhayoga en
una práctica sagrada… es lo que se practica de forma general hoy en día; pero
sin duda, el haṭhayoga tradicional sigue conservándose tan oculto y
misterioso como siempre ha estado durante siglos.

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