Las posturas de
inversión tienen efectos muy beneficiosos sobre la totalidad del cuerpo y
especialmente sobre la parte superior, produciendo tras su ejecución una
relajación general de esa zona. Los efectos más beneficiosos tienen que ver con la inversión de la circulación, pero no hay que
olvidarse que estas posturas actúan directamente sobre el cerebro, las
glándulas pineal, pituitaria y tiroides, y los importantes centros energéticos
localizados en la cabeza y en el cuello. Sus efectos cuando se practican
intensamente pueden ser impredecibles y llegar incluso a despertar ciertas
habilidades dormidas, denominadas comúnmente fenómenos paranormales o
parapsicológicos. Patañjali, habla extensamente sobre estos fenómenos que
pueden aparecer de forma natural durante el curso de la meditación, pero
también durante la práctica intensa de algunas āsanas y del prāṇāyāma.
El problema con la práctica de estas posturas
es que pueden implicar músculos y articulaciones que no están diseñados para
soportar pesos y tensiones excesivas. Especialmente todos los músculos del
cuello y los hombros en la postura sobre la cabeza, la vela y el arado. Además,
el fuerte estiramiento cervical y la compresión de la garganta durante la vela
y el arado pueden tener efectos nocivos sobre el riego sanguíneo de algunas
áreas del cerebro y dañar nervios que discurran por el interior de las vértebras
cervicales.
Sin duda, se trata de las posturas más
beneficiosas del yoga, pero también son las que más riesgos pueden comportar en
su ejecución si no se hacen adecuadamente. Como siempre, además del
calentamiento previo, concentración, lentitud y respiración adecuadas son la
clave para practicar āsanas con seguridad.

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