Meditación en los Himalayas
Para meditar hay
que sentarse inmóvil con la firme decisión de aquietar la mente, calmar la
agitación interior y disminuir la cantidad de rajas (actividad excesiva)
en la mente. Para ello, hay que practicar la atención constante, la vigilancia constante de los distintos estados del cuerpo y la
mente. A continuación, pueden darse dos consecuencias: 1) tamas (sopor) llena el espacio vacío dejado por rajas, o 2) sattva
(claridad) crece el espacio mental. Obviamente, lo deseable durante la
meditación es la segunda consecuencia. A veces conocemos a alguien que
“practica asiduamente la meditación”, pero tras cierto tiempo su postura
colapsa y se convierte en una especie de adormecimiento parecido al de esas
personas que podemos ver en los autobuses o el metro, pues en ellas tamas es más poderoso que sattva. Ciertamente, esto no es meditación.
Para evitar caer en tamas o rajas
hay muchas estrategias: Patañjali cita unas cuantas en el libro primero de los yogasūtras.
Una de las más efectivas es la atención a la respiración, el seguimiento mental
del aire que entra y sale. En esto hay muchas variantes: puedes concentrarte en
alargar la espiración y hacerla abdominal, puedes simplemente observarla sin
interferir en sus movimientos, puedes contar mentalmente para seguir un ritmo
determinado de inspiración-espiración, incluso puedes visualizar el prāṇa
como una energía vital asociada al movimiento respiratorio. Pero sin duda, la
práctica constante, sea la que sea, es la mejor herramienta.

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