viernes, 11 de abril de 2025

54. Guṇas y meditación

Meditación en los Himalayas 

Para meditar hay que sentarse inmóvil con la firme decisión de aquietar la mente, calmar la agitación interior y disminuir la cantidad de rajas (actividad excesiva) en la mente. Para ello, hay que practicar la atención constante, la vigilancia constante de los distintos estados del cuerpo y la mente. A continuación, pueden darse dos consecuencias: 1) tamas (sopor) llena el espacio vacío dejado por rajas, o 2) sattva (claridad) crece el espacio mental. Obviamente, lo deseable durante la meditación es la segunda consecuencia. A veces conocemos a alguien que “practica asiduamente la meditación”, pero tras cierto tiempo su postura colapsa y se convierte en una especie de adormecimiento parecido al de esas personas que podemos ver en los autobuses o el metro, pues en ellas tamas es más poderoso que sattva. Ciertamente, esto no es meditación.

Para evitar caer en tamas o rajas hay muchas estrategias: Patañjali cita unas cuantas en el libro primero de los yogasūtras. Una de las más efectivas es la atención a la respiración, el seguimiento mental del aire que entra y sale. En esto hay muchas variantes: puedes concentrarte en alargar la espiración y hacerla abdominal, puedes simplemente observarla sin interferir en sus movimientos, puedes contar mentalmente para seguir un ritmo determinado de inspiración-espiración, incluso puedes visualizar el prāṇa como una energía vital asociada al movimiento respiratorio. Pero sin duda, la práctica constante, sea la que sea, es la mejor herramienta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

113. Demostrar las āsanas